Recientemente hemos podido leer en toda la prensa que el IPC armonizado entre enero de 2008 y enero de 2009 ha caído hasta crecer sólo el 0,8% interanual, lo que supone un descenso drástico en comparación con años anteriores.
La situación de frenazo brusco en la economía, entre otros ajustes, nos ha llevado a estar preocupados por una inflación elevada rondando el 4%, el doble de lo querido por el Banco Central Europeo que fija el 2% cómo la tasa de inflación óptima para un buen crecimiento, a estar preocupados por una inflación excesivamente baja que nos puede llevar a un periodo de deflación (ahora la inflación está por debajo de la mitad de lo recomendable por el BCE).
Sólo han pasado unos meses pero el fantasma de la deflación parece que ha llegado y preocupa a los gobiernos que, hasta el momento, se han dedicado a negar que vaya a ser así. Sin embargo para ello hacen falta más que buenas palabras y, por el momento, todo me hace pensar que podríamos llegar durante unos meses a ver un escenario deflacionista. Ahora bien, mientras no sea prolongado en el tiempo y la deflación sea pequeña, no será motivo para generar gran preocupación.
La deflación dispara el ahorro frente al consumo lo que, en un momento de crisis en que la demanda cae en picado, es una mala noticia para la economía en general, aunque pueda beneficiar en el corto plazo a los consumidores dado que la deflación no supone más que una caída de precios. Quizá sea una forma de ajustar el excesivo aumento de precios que hemos visto en los últimos años.
Mi pronóstico, cómo venía diciendo, es que veremos un escenario de deflación en términos interanuales. Será a principios de verano y vendrá motivado tanto por la caída del precio de la vivienda y del petróleo (dado que alcanzaron su momento más caro a principios del verano pasado y también por los esfuerzos de fabricantes y grandes empresarios por ajustar precios para salir de la crisis. Claro ejemplo es Ford quién ya ha anunciado una rebaja del 20% del precio de sus coches en los próximos días.
Pero no sólo en la economía real va a recoger un periodo de deflación. También la economía financiera. Así el precio del dinero ha descendido de forma considerable hasta rondar el 2% y ello supone un ahorro en las hipotecas de más de 100€uros mensuales. Es otro dato más del momento difícil que vive la situación económica (hemos pasado de unos tipos de interés disparados hasta unos tipos mínimos en apenas unos meses).
Estamos pues ante un escenario complicado en el que habrá que saberse manejar, y en el que siempre habrá que recordar una máxima: Ante la deflación conviene esperar a comprar los bienes de consumo duraderos y los bienes de inversión dado que la previsión en la evolución de sus precios es que los mismos se reduzcan.