Recientemente estamos acudiendo a algunos hechos que me escandalizan y que no puedo dejar de compartir con vosotros y que responden a los límites que las empresas, sin pudor, han traspasado siendo esto algo que nunca debieron hacer. Hablo de ganar dinero sin escrúpulos.
Eso que creíamos tan español, eso que sin lugar a dudas todos sabíamos que en mayor o menor medida pasaba aquí, dónde existen empresarios que sin dudar son capaces de venderte aceite industrial como aceite de mesa, dónde cualquier soborno sirve para justificar la destrucción del medio ambiente, dónde la gentuza alcanza cotas insospechadas de poder y dinero.
Y estos últimos días estamos asistiendo a un espectáculo bochornoso en este sentido, y no es en España (por curioso que parezca). Hablo de los pedales de los vehículos fabricados por algunas empresas automovilísticas, y que se encuentra bien explicado en la noticia de El País que podéis ver pulsando aquí.
Bien, como os decía estoy escandalizado con el hecho de que algunas empresas del sector sabiendo que en ello iba la vida de muchas personas, como con nombre y apellidos cuenta el artículo que arriba os recomiendo, hayan omitido el ingente número de reclamaciones que tenían en relación con el funcionamiento de sus pedales hasta que la presión ha sido insostenible.
Todo por la pasta. Ellas sabían, como sabe cualquiera con un dedo de frente, que era destapar la caja de los truenos. Callar y esperar se convertía, a pesar de que podían haber vidas en ello, una solución de la que si finalmente todo pasaba sin mayor pena ni gloria saldría beneficiada la compañía. Aunque eso sí, la inacción de estas multinacionales podía provocar, como así ha sido que algunas personas no puedan hoy contar el problema que sufrieron con su vehículo.
Las indemnizaciones deben no sólo reparar los daños materiales y humanos causados, sino ser ejemplarizantes. Yo pregunto si a estos señores alguien les enseñó lo que es la responsabilidad social corporativa, y si conocen que el todo por la pasta no es algo socialmente admisible hoy.
Os cuento la experiencia. Recientemente reinstalé el Messenger en mi dispositivo móvil y la sorpresa me la encontré al leer una advertencia en la que se me indicaba que en el futuro el servicio podría convertirse en un servicio de pago.
La situación es, como mínimo, preocupante en la medida en que los ingresos son considerablemente inferiores a los gastos en un importante número de equipos y las deudas acumuladas son considerables, lo que requeriría en condiciones normales de un replanteamiento del modelo de negocio y de un plan financiero y de viabilidad para amortizar las deudas arrastradas.
Además de lo interesante de la jornada tuve ocasión de volver a encontrarme con mi grandisimo profesor de hacienda pública (Enrique Villareal, actualmente Director General Técnico del ICO, con Mariano Sampedro (Magistrado del Tribunal Supremo) y con Salva Montesinos (Decano de la Facultad de Derecho).

Por un lado no puedo dejar de comentar mi opinión sobre el “caso himno”, así mientras el despliegue de decenas de miles de seguidores en Valencia seguro dejó una buena recaudación para el sector hostelero y hotelero, en un momento de crisis en que especialmente lo necesitan, se producía la comentada 